Minatitlán: el cabildo fantasma a 100 días del cambio

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En Minatitlán estamos exactamente a 100 días y una semana de que la nueva administración municipal tome las riendas. Y uno, ingenuo como siempre, todavía guarda la esperanza de que esta vez las cosas cambien en el edificio de la calle Hidalgo. Porque si no es ahora, ¿cuándo?
Guillermo Reyes Espronceda, el alcalde electo, no será un político de reflectores ni de fanfarrias, pero al menos se le reconoce que escucha, atiende y resuelve. Un lujo si lo comparamos con quien hoy ocupa la silla, que despacha más con la indiferencia que con las manos.
El problema está en que, a estas alturas, todavía no se sabe con precisión quiénes serán los próximos regidores. Ni el OPLE ni el Tribunal Electoral —ambos con las facultades de confirmar, ratificar o entorpecer— han tenido la delicadeza de soltar los nombres. Y mientras tanto, la locomotora del nuevo gobierno sigue apagada, esperando que al 31 de diciembre, cinco minutos antes de la medianoche, se les ocurra repartir nombramientos como si fueran uvas de año nuevo.
La pregunta es: ¿de qué sirve arrancar un gobierno si tus regidores no saben ni dónde están los baños del palacio municipal? El servicio público no es cosa de improvisar, pero aquí lo tratan como si fuera una tanda de karaoke: súbete al escenario y canta lo que te salga. Y claro, después se preguntan por qué los primeros meses de cada administración son puro ensayo y error.
Lo lógico sería que Memo Espronceda ya tuviera sobre su escritorio la currícula de cada regidor. Que pudiera saber qué sabe cada quién, a qué comisiones podrían servir, y sobre todo, en qué no sirven para nada. Porque cada edil llega con su séquito de “personal de confianza”, esos que después se convierten en directores, jefes de área y expertos en cobrar sin mirar el reloj.
La realidad es que Minatitlán no puede darse el lujo de arrancar en ceros. O los regidores empiezan a empaparse desde ya, conociendo oficinas, proyectos y necesidades, o en enero volveremos a lo mismo: un cabildo que arranca a ciegas, que improvisa sobre la marcha y que termina siendo más lastre que motor.
Así que, señores del OPLE y magistrados del Tribunal Electoral, no es un favor, es una urgencia. Porque este municipio exige trabajo y progreso desde el primer día de gobierno. Y si esta vez la locomotora no arranca a tiempo, no será por falta de vías, sino por culpa de quienes creen que gobernar es un juego que empieza hasta que suena el silbatazo inicial.
Ojalá el alcalde electo meta presión desde ahora. Porque Minatitlán necesita menos políticos que lleguen a aprender, y más servidores que lleguen sabiendo. De lo contrario, el cabildo que se avecina será tan útil como un semáforo apagado en hora pico: un caos garantizado.