
Por Martín Gómez G.
En el sur de Veracruz ya no causa espanto ni expectativa la visita de un presidente de la República. Antes era casi un operativo militar: el Estado Mayor Presidencial llegaba como bulldozer humano, atropellando todo lo que respirara con tal de que el mandatario no se mezclara con la plebe, salvo cuando él decidía regalar un saludo de mano cual bendición papal. El acarreo era la misa dominical de la política, con contingentes anotados en listas como si fueran alumnos pasando lista en primaria.
Hoy, en cambio, las giras presidenciales ya parecen sketch de comedia: un presidente que se baja a tomarse un jugo, compra dulces o se mete al Oxxo, mientras la “ayudantía” finge ser discreta para no interrumpir el “baño de pueblo”. Eso sí, el guion del acarreo sigue inmutable: camiones, matracas y banderitas que pretenden disfrazar la obediencia como entusiasmo popular.
Este domingo se repetirá la misma obra en el World Trade Center de Boca del Río. Caravanas desde Las Choapas, autobuses llenos desde Minatitlán y Coatzacoalcos, todos con suéter nuevo y torta envuelta en servilleta de papel. Una romería política perfectamente calculada, porque en Veracruz la espontaneidad se mide en litros de diésel para los camiones de acarreados.
La presidenta Claudia Sheinbaum llega a un estado que presume control, aunque la realidad diga otra cosa: inseguridad en aumento, protestas de todos los colores y un gobierno estatal que maquilla pendientes como quien pone corrector barato sobre una mancha de café. Por eso no sorprende que Veracruz haya sido escogido como el escaparate para cerrar el arranque de su gira exprés: aquí se mide la disciplina del movimiento, la fuerza del acarreo y, de paso, la habilidad para vender discursos como si fueran recetas milagrosas.
Y como todo evento de pasarela necesita sus modelos, hasta el súper delegado Juan Javier Gómez Cazarín ya se mandó a arreglar en “hojalatería y pintura” para lucir radiante en la foto del domingo. Subió a redes sociales su mascarilla facial como si se tratara de un comercial de spa de lujo: un detalle que confirma que en la política veracruzana tan importante como llenar camiones… es brillar en la selfie. Si alguien pensaba que la Cuarta Transformación era solo ideología, aquí queda claro que también es cuestión de estética.
El domingo, entre camiones, matracas y mascarillas, no veremos un informe de gobierno: veremos una pasarela. Cada quien buscando su lugar en la foto, porque en Veracruz la política es eso: desfile, coreografía y maquillaje. El resto, como siempre, queda para después.
