Crédito a la palabra

El extensionista llegaba a los ejidos con funcionarios del Banrural a entregar dinero para impulsar la siembra, sólo con la palabra como garantía de pago. El ejidatario cuya fama pública construida en el núcleo poblacional era buena, es decir, si pagaba sus deudas de cantina y al tendero de la comunidad lo fiado, accedía al crédito.

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